El gesto de Verstappen fue desaprobado de forma mayoritaria por todo el mundo. ¿Cómo podía ser tan egoísta con alguien que siempre le había ayudado? ¿Cómo podía olvidar los momentos en los que Checo había peleado para que él consiguise el éxito?
La realidad, sin embargo, es más compleja y rápidamente salió a luz el motivo por el que Verstappen decidió no cederle la posición y ayudar a su fiel escudero. La postura del holandés es muy difícil de justificar, pues le negó ayuda a quien siempre se la había dado.
No obstante, sin todas las cartas encima de la mesa es también difícil valorar lo que pasó en Brasil. Sean cuales sean las razones, Checo no se revelará contra Verstappen ni contra Red Bull (que casi viene a ser lo mismo). Al menos por ahora. Y no lo hará por dos motivos.
Un equipo que lo adora
En primer lugar porque Verstappen es para Red Bull lo que las espinacas son para Popeye. También Messi lo era para el Barça... por lo que es probable que en algún momento la relación entre el piloto y la escudería se rompa. Pero no parece que vaya a ocurrir en un futuro cercano. Ni mucho menos ahora.
Red Bull es una gran escudería que este año ha construido el mejor coche de la parrilla. El año pasado ya tuvo uno muy bueno. Y en ambos casos, Verstappen salió campeón. Y es que el de Max no es el ejemplo de piloto que solo gana porque tiene el mejor coche. Max es mucho más que todo eso.
Tiene una velocidad extraordinaria, un cuerpo a cuerpo al alcance de muy pocos y una experiencia poco antes vista para su corta edad. Es una joya. De las que se encuentran muy pocas veces. Y todo esto lo sabe Red Bull, que es consciente que debe lidiar con este tipo de actitudes porque el resultado que les da Verstappen lo vale. Les vale. Dicho de otro modo: le pueden consentir más porque les da más. Echan las cuentas y, hasta que se demuestre lo contrario, el saldo les sale positivo.
Una tarea titánica
Y demostrar lo contrario es la tarea de Pérez. Sin duda, complicadísimo. Checo se sienta en el mismo asiento que vio marchar a Ricciardo por precisamente no aguatar la convivencia con Verstappen. El mismo asiento que vio cómo el holandés pasaba por encima de Gasly y Albon. Tres pilotos que se marcharon o que los echaron: un muy contrastado Ricciardo, ganador de 8 carreras y con 36 podios en su palmarés -junto con Checo el que más cerca ha estado de Max- y dos grandes pilotos que están haciendo su camino en otras escuderías.
De momento, no basta con llevar la razón
Pérez quizás tenga razón. Quizás Verstappen haya sido injusto con su compañero, ese que siempre le ha ayudado. (Es un 'quizás' porque se desconocen oficialmente los motivos de la desobediencia de Max). Pero aunque la llevase no podría revelarse contra él porque Verstappen tiene todo a su favor para salir airoso de esa hipotética rebelión: sus resultados, su historia con el equipo y su rendimiento claramente por encima de Checo lo avalan.
Así que a Pérez le quedan pocas alternativas: ganar en pista a la bestia de Verstappen no solo puntualmente sino de manera regular durante la temporada, tragar con el comportamiento de su compañero o renunciar a llevar el toro en el mono y dejar atrás las opciones -a menos que aparezca una oferta- de ganar carreras y ser Campeón del Mundo.
Una decisión difícil. Porque rebelarse ahora sería complicarse su existencia en el box del toro rojo. Aunque pueda parecerle injusto a alguien. Y sí, por mucho tragar puede que algún día acabe harto, como le pasó a Ricciardo. Pero a Pérez le costó mucho llegar a Red Bull. Años de grandes actuaciones en pista. Así que quizás algún día se rebele, dependiendo de como vayan las cosas. Pero ahora no. Ahora no es el momento.



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